Juan Rulfo: uno con la melancolía

Juan Rulfo: uno con la melancolía

“Cada suspiro es un sorbo de vida del que uno se deshace.” – Juan Rulfo 

Es muy probable que, a todos en algún punto de nuestra existencia, la nostalgia y la melancolía nos hayan mermado el ánimo. Ambos son sentimientos cuyo origen es la añoranza; provocada por la ausencia de un ser querido, por el lugar en el que crecimos o por el simple hecho de que el tiempo ha pasado, las cosas o personas que conocíamos han cambiado, y nosotros hemos envejecido.

Cuando a mí me pasa, además de estar chipil (necesitar cariño y comprensión, en mexicano) deseo que alguien me apapache.

Hace algunos años constantemente me sentía así. La causa en una de esas ocasiones, fue una publicación en Facebook donde una página divulgaba un fragmento de una de las cartas más tiernas que he leído. Ésta iba dirigida a Clara Aparicio (me enteré de eso después) y fue escrita por uno de los mejores escritores que ha tenido mi país: Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno (o Rulfo, para los compas).

Chiquilla:
¿Sabes una cosa?
He llegado a saber, después de muchas vueltas, que tienes los ojos azucarados. Ayer nada menos soñé que te besaba los ojos, arribita de las pestañas, y resultó que la boca me supo a azúcar; ni más ni menos, a esa azúcar que comemos robándonosla de la cocina, a escondidas de la mamá, cuando somos niños.

También he concluido por saber que los cachetitos, el derecho y el izquierdo, los dos, tienen sabor a durazno, quizá porque del corazón sube algo de ese sabor.
Bueno, la es cosa es que, del modo que sea, ya no encuentro la hora de volverte a ver.
No me conformo, no; me desespero.
I am hurry because finished me the ink.

Esta es la carta completa. Aquel fragmento que leí abarcaba el primer párrafo, y fue el primero de varios acercamientos que tuve a la obra de Rulfo en la misma red social; destacando los memes y chistes relacionados con alguno de sus libros, fotos de él cuando era joven, entre otras cosas. Cada uno de ellos aumentaba mi interés por leer lo que escribió, y  así entender cuál era el afán por mencionarlo con tanta frecuencia….

De todo lo anterior, comprendí que hablar de Juan Rulfo es hablar de un personaje bastante enigmático. Nació en San Gabriel, Jalisco en una época que le permitió ser testigo y víctima de la  Revolución Mexicana y la Guerra Cristera.

Quedó huérfano desde los cinco años por la muerte de su padre, para luego perder a su madre, cuatro años después. Esto lo condujo a un orfanato durante un tiempo en el que, según palabras suyas, lo único que aprendió fue a deprimirse.

Es quizá por esto que en su obra literaria y fotográfica (porque también tuvo una gran pasión por este arte), logró  capturar el reflejo de la lastimosa situación del campo, la esencia de su gente, de la violencia sin sentido, del fracaso del reparto agrario y de la pobreza bajo el manto de la melancolía y la ironía. Todo esto en tan solo dos libros: El llano en llamas (recopilación de cuentos) y Pedro Páramo (novela). Aunque también escribió un guión de teatro: El Gallo de oro.

De esta forma, considero que es el ejemplo perfecto de que cantidad no es igual a calidad, ya que se convirtió en un referente de la literatura mexicana hasta nuestros días, con cientos de ediciones y traducciones de sus obras, con una influencia sobre escritores de su época como Gabriel García Márquez (cuya lectura de Pedro Páramo contribuyó al proceso creativo de Cien años de soledad)

Finalmente, yo tuve la oportunidad de leerlo una vez que conseguí sus libros en una feria del libro. Empecé con El llano en llamas, compuesto por doce cuentos. Mi favorito siempre será Es que somos muy pobres en el que desde la perspectiva de un niño, narra la pérdida del único patrimonio de la hermana de éste: su vaca. Y como  dicha pérdida condena a la niña a ser “una piruja” porque no habrá quien se quiera casar con ella.  Considero que  de una manera sencilla y sutil, describe muy bien la precariedad que se vive en el campo, reluciendo el machismo inherente de la sociedad mexicana y, hasta cierto punto, el clasismo de la misma. 

Después, leí Pedro Páramo, que me costó terminarlo, provocando la burla de mi abuela por tardarme tanto tiempo (me hizo algunos comentarios como: “tú solo paseas ese libro, ha salido más que yo” o “ya mejor ve la película o te la cuento yo”). Fue ella quien me explicó ciertos “mexicanismos” que yo no conocía o no terminaba de entender y que son “propios” de las personas que han vivido/crecido en el campo. En esta obra, el personaje principal, Juan Preciado, va a Comala, un lugar bastante gris y misterioso en busca de su padre, como mandato de su madre que recién ha muerto. Lo que no sabe es que básicamente su padre ha sido también padre de medio pueblo y que, además, está muerto.

Pero, como una sinopsis sumamente cortita de un cuento o de una novela entera probablemente no terminen de convencer (así como mi introducción ñoñisima de su persona), aquí te dejo algunas de las citas de ambas obras, con el fin de que algunas de ellas te animen a leer a Rulfo en algunos momentos de ocio: 

  • “Miraba caer las gotas iluminadas por los relámpagos, y cada que respiraba suspiraba, y cada vez que pensaba, pensaba en ti, Susana” (Pedro Páramo)

  • “Allá me oirás mejor. Estaré más cerca de ti. Encontrarás más cercana la voz de mis recuerdos que la de mi muerte, si es que alguna vez la muerte ha tenido alguna voz” (Pedro Páramo)

  • “El día que te fuiste entendí que no te volvería a ver. Ibas teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo. Sonreías. Dejabas atrás un pueblo del que muchas veces me dijiste: Lo quiero por ti; pero lo odio por todo lo demás, hasta por haber nacido en él.” Pensé: “No regresará jamás; no volverá nunca” (Pedro Páramo):

     Esta es mi favorita debido ya que  se puede sentir el anhelo por alguien a quien ya le dijiste adiós, recordando el momento exacto de esa despedida. Me encanta que es una descripción concreta, pero no por ellos carente de emoción. 

  • Y la abrí para que se fuera (mi alma). Y se fue. Sentí cuando cayó en mis manos el hilito de sangre con que estaba atada a mi corazón” (Pedro Páramo) 
  • “Tu madre era tan bonita, tan, digamos, tan tierna, que daba gusto quererla. Daban ganas de quererla” (Pedro Páramo) 

  •  “Los caminos de ella eran más largos que todos los caminos que yo había andado en mi vida y hasta se me ocurrió que nunca terminaría de quererla” (El llano en llamas) 

  • “Y ustedes y yo y todos sabemos que el tiempo es más pesado que la carga más pesada que pueda soportar el hombre” (El llano en llamas)

Pero, si te gustó la carta mostrada al principio, aquí te dejo otra de tantas que puedes leer en Aire de las colinas: Cartas a Clara, donde encuentras la parte más romántica de Rulfo, misma que te puede servir de inspiración si deseas conquistar a alguien 😉

“Vinieron los años buenos en que comenzó a ver acercarse un sueño. El mejor de todos. Grande y enormemente hermoso. Era una muchachita rete horripilante que levantaba la ceja para mirar a los seres despreciables que iban a su lado. Así era de lejos. Pero más cerca, cuando se veía todo lo que ella era claramente, cuando uno se asomaba a sus ojos, el cariño cegaba todas las demás cosas y uno ya jamás quería separarse de su lado. Ese sueño que eres tú todavía dura. Durará siempre, porque siento como que estás dentro de mi sangre y pasas por mi corazón a cada rato…”

 

¿Y tú qué haces con tu nostalgia? ¿la conviertes en arte o la usas para apreciar el arte?

Fernanda Camacho

Como mi nombre completo es muy telenovelesco, todos me dicen Fer.  Soy una chilanga de 18 años que disfruta leer, nadar, bailar, cocinar y tomar fotos mal hechas en sus ratos libres. Estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México - UNAM.  Casi siempre tímida. A veces muy sentimental, a veces no tanto.

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