Viajando al pasado con las memorias de Enrique Santos Calderón

Viajando al pasado con las memorias de Enrique Santos Calderón

¡Sí, aparecí! Mil disculpas por no haber escrito en un mes, mi trabajo ha sido desbordante y con la excusa de descansar, he dejado de lado algo que disfruto hacer: escribir. Creo que esta es la última lección que me deja el 2020, la de no acudir a excusas para posponer aquello que amas con locura.

Por esta ocasión, decidí que mi penúltimo blog del año sería una reseña de un libro que no esperé, me fuera a impactar tanto. De hecho, hasta lo catalogaría en mi top 20 de libros favoritos, y sin dudarlo, lo recomiendo a todos aquellos que quieran conocer más sobre la historia colombiana contada de manera light, sesgada eso sí… pero light.

Para ponerlos en contexto, la principal diferencia que tengo con el autor es la ideología política, pues mientras yo soy de derecha, él claramente es de izquierda aunque ahora se autodefina de centro; sin embargo, bien dicen que hay que conocer a quienes piensan diferente para tener aún más razones y convencimiento sobre nuestras opiniones, o, poder modificarlas si es que logran convencernos. ¡Gracias debate por existir!

Y si bien no me convenció en lo político, si me animó a conocer más sobre el campo que el domina a la perfección: el periodismo, campo que enfrenta enormes desafíos actualmente para poder llegar a un país que cree, tristemente cada vez con más frecuencia, en las fake news (noticias falsas), y tiene además una enorme desconfianza hacia los principales medios de comunicación por tener como dueños, las grandes figuras de los conglomerados económicos de Colombia.

Creo que todo este sinsabor que le genera al autor la realidad actual se refleja en su siguiente frase: “Desconcierta (…) que la gente mientras más conectada esté, más desinformada y manipulable sea”. Como ya podrán imaginarse, conecté mucho con el análisis que hace de la historia colombiana bajo su perspectiva de periodista de una familia privilegiada, que si hoy estoy considerando estudiar algo sobre periodismo político es gracias a él.

Y es que en efecto, este libro de Enrique Santos Calderón cuenta lo que va de su vida, la cual no ha sido nada corta pues inicia prácticamente en 1950, y finaliza su relato en el 2018 con los detalles y pormenores del proceso de paz que  lideró su hermano, el ex presidente Juan Manuel Santos, por lo que es interesante visualizar las diferentes etapas y los principales eventos que lo marcaron, lo convirtieron y hasta lo posicionaron como el periodista rebelde de una familia privilegiada que ha manejado uno de los principales periódicos del país: El Tiempo.

De manera ingeniosa y para que el lector no se aburra, él narra su vida agrupándola en siete apartados los cuales podría decirse, fueron las principales temáticas de determinados momentos. Así, y por darles una idea, pueden encontrar “fatigas y fracturas de la paz”, “prensa, poder y peleas”, y “los años del terror”, que con sólo los nombres ya podrás imaginarte qué época abordará el autor.

En mi caso, de los siete apartados disfruté en especial dos y medio. El primero es prácticamente el inicio, y es “imborrables” en el cual cuenta detalles de su familia, su niñez y hasta cómo fue su vida social en la Universidad, y no les miento, me sentí viajando al pasado, algo que me encantó pues aprendí sobre el grupo “feminista” denominado Las Policarpas que iniciaban sus marchas en un centro comercial que antes se llamaba Granahorrar; y me reí por completo con la descripción de sus aventuras después de clases universitarias en los sesenta en pleno inicio de bares y restaurantes icónicos para todo joven estudiante del centro de Bogotá. Sí, aunque no lo crean me gustó que yo haya alcanzado a disfrutar uno que otro bar de la zona.

El segundo fue sin duda “Figuras”, me contagié y admiré la pasión con la cual inició su proyecto de crear su propia revista llamada Alternativa que nació como una forma de retratar la verdad de manera diferente, contando a “Colombia como es y no como dicen qué es”, y aunque le metió variables políticas llegando incluso a contar cómo la polarización ha afectado a la sociedad colombiana desde los años 1600 (inserté canción de Joe Arroyo), fue algo especial ver el vínculo que creó con grandes personalidades como Gabriel García Márquez y Daniel Samper Pizano para posicionar sus ideas, sus proyectos personales y hasta familiares.

Puede que no comparta sus opiniones o la forma en qué minimizan la violencia causada por los grupos armados ilegales, pero me pareció muy valioso ver el nivel de las habilidades sociales de Enrique ya que lograba conectar con mucha facilidad con figuras importantes que apenas conocía, y las invitaba a sumarse a los proyectos o causas que él creía relevantes para el país. 

Finalmente, el medio apartado que me gustó fue cuando miembros de su generación, específicamente su hermano y su primo, entraron al mundo de la política rompiendo una regla de oro que buscaba garantizar la independencia del negocio familiar, su periódico El Tiempo.

Me pareció inteligente la manera en qué abordo las críticas de sus dos familiares ya posicionados en altos cargos políticos, al igual que aquellas provenientes de la ciudadanía cuando desde los dos frentes creían que el periódico generaba contenido y opiniones con un fuerte sesgo. Fue una estrategia interesante la lucha que lideró por salvaguardar la integridad y la imagen que proyectaba el periódico hasta el último momento antes de su venta, sin contar claro, su decisión de retirarse en el momento que más lo considero oportuno.

Si bien Enrique no es alguien a quien admire completamente, si me agradó su personalidad periodística y su afán de buscar equilibrar su profesión con el hecho de hacer parte de una familia privilegiada. En el fondo, creo que esa parte la envidio un poco, claramente no me molestaría que me castigarán enviándome a Europa para cubrir las noticias de ese continente.

De todas formas no lo tomen como una pataleta personal, él reconoce esto mismo en la parte más especial del libro para mí, y es el epilogo pues sientes que Enrique te está hablando directamente y en no más de cuatro páginas, hace un balance general de su vida, quien ya a los 70 años confiesa que aún tiene pendientes con lo que le hubiera gustado aportar a las nuevas generaciones colombianas: un país más justo y equitativo. Sin embargo, pienso que no es un pendiente completo pues aprovechó muy bien el posicionamiento de su familia, y en su afán por ser “la oveja diferente” conservó los valores que su abuelo quería para el periódico, y el rol que éste quería para su medio dentro del país.  

Insisto, si quieren conocer un poco más de historia colombiana contada de manera sencilla, aunque sesgada, este libro vale mucho la pena. Es corto, y fácil de leer. Me cuentan qué les parece.

Puntaje para el libro: 4/5

 


Créditos al modelo felino Mezcal por querer aparecer en la foto de portada de esta reseña. 

María Lucía Aguilera V.

Profesional en Gobierno y Relaciones Internacionales, ñoña por naturaleza y disciplinada por convicción para casi todo, menos para el ejercicio. En mi lado más personal, soy amante de los animales, y una fanática a morir de la historia, la moda, el turismo y la política. Me encanta escribir, y no me queda más que agradecerte por leerme.

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